Todo el día estuve en cama, ¿qué mas me quedaba? ¿Qué más puedo hacer? Salgo un momento a fumarme un cigarro, a sentir el cuerpo desfallecer. Dentro de casa nada cambia. Tomo una coca-cola, vuelvo a casa, me encierro, duermo un poco. G. sale, aprovecho para tomar un baño y rápidamente siento sueño. Me acuesto nuevamente. A las siete tengo una cita con mis compañeros del curso; apenas si hago bien mi papel de líder. Termina la reunión a las 10 de la noche, me vuelvo a sentir huérfano. Me duermo, a lo lejos oigo a mis padres discutir, oigo la voz lejana de mi padre: grito. Recuerdo que mi padre hace mucho que no vive en casa, que mi madre hace mucho que se separó de él. Me siento ridículo y furioso. Me duermo.
Catastrofias
sábado, 8 de mayo de 2021
viernes, 7 de mayo de 2021
Los hormigueos de mi cuerpo que vuelven la vida un infierno
Quisiera despertar del otro lado del mundo, quisiera levantarme de mi cama siendo invisible. Despierto: mis nervios no se han calmado, G. y mi madre están despiertos y empiezan a caminar en la cocina. Los oigo y siento rabia, más me da rabía la voz de G. tan despreocupada, como si de veras nunca hubiera ningún problema. Yo enciendo la laptop para descargar el documento que me requieren en el trabajo, mi madre nos llama a comer. No contesto, no estoy para nadie, eso es lo que esperan de mí, que no exista. Me baño, me preparo para el trabajo y me marcho sin tragar ni un vaso con agua.
Afuera la vida transucrre normalmente, dentro de mí, la alta tensión de mis nervios empieza a perder intensidad; me siento débil. Llamo a mi compañero de trabajo, es un poco tarde, pero todavía estoy a tiempo para encontrarme con mi compañero en el inicio de su rondín.Tenemos que visitar unas once casas, me dice, dos están hasta el cerro. Le digo: no tengo otro pendiente para hoy, me da tiempo de acompañarte todo el día si quieres.
Mientras caminamos yo pienso con melancolía en mi madre, evito esos pensamientos para no sentir la necesidad de correr a ella. Sé que cualquier intento por hablar con ellos, o al menos sólo con mi madre, es en vano. Nunca lo entienden, quieren ver todo esto como una simple situación que está en mi cabeza y que, yo mismo, puedo controlar. Pero la electricidad en mi cuerpo sube súbita sin que yo lo prevenga, y el hormigueo, que hasta hora es lo más molesto, me corre por todas las piernas y los brazos desde los genitales sin siquiera pedirme permso. Si tuviera seguro médico correría a la sala de urgencias, para que me inyecten un calmante y, de ser posible, hablar con el médico psiquiatra a cargo (aunque rara vez haya uno disponible en la sala de urgencias). Si tuviera dinero, correría al primer particular a pedir socorro: la ansiedad ha vuelto, me está consumiendo como la última vez. Sólo así encontraría alguien con quien hablar, alguien a quien explicarle. Más a lla de eso, estoy solo.
Vamos a la mitad de nuestro rondín; el cansancio, la falta de sueño, la sed y el hambre tienen mi cabeza en otro lado. No me importa lo que pasó, no me importa cuánto más caminemos, no me importa el sol ni si en algún momento todas estas situaciones me provocan el desmayo. En realidad soy muy resistente a este tipo de inclemencias, sobre todo cuando algo más mundano me ahorca desde mi mente. P., mi compañero de vez en cuando me hace la plática, pero no es muy bueno para ello; no es de los que tienen un millón de historias que contar ni tampoco es de los que escuchan. Nuestra conversación es robótica e incómoda. Pienso: al final me compraré un refresco y una bolsa de Takis Fuego, y me sentaré en el sillón de mi casa a ver la película de terror más sangrienta que encuentre. De inmediato recuerdo a G. y las ganas se me pasan.
El rondín termina a las tres y media, vuelvo a casa. Allí está mi hermano; los pensamientos sulfúricos me arrancan la cabeza. Lo evito, me encierro en mi cuarto, deboro la bolsa de cheetos que compré con una vecina y termino la botella de sidral que compré antes de subirme a la combi. El resto es un intento por dormir. Levanto el teléfono, escribo un WhatsApp a papá, le reclamo, "¿qué carajos le dicen de mí a G. para que cada que vuelve del DF me odie tanto?".Me manda dos audios, yo apenas y los miro, intento quedarme dormirdo. Le mando msj a N., mi amigo, buscando un consuelo aunque sea en su compañía; pero es inútil, los amigos no estamos para esta clase de momentos, y de estarlo, el resultado sería una borrachera que posiblemente termine mal para ambos. Mejor así, sin nadie a mi lado.
A las siete de la noche me levanto de mi cama, tomo mi cubre bocas y voy en busca de un cigarro. Lo fumo mientras me dirijo al centro. Las fuerzas desaparcen de mis músculos, la presióon me baja peligrosamente. En la rimera tienda compro una coca cola y todo vuelve a la normalidad, camino hasta el centro d ida y vuelta con unos pensamientos a veces tan destructivos y a veces un poco más racionales. Siempre es así, caminar me relaja y me reanima, pero no puedo pasarme toda mi vida caminando para escapar de la ponzoña de las hormigas; los genitales, tarde o temprano, terminan adormieciéndose. Pienso en escribir este blog: el blog de un suicida o de alguien en vías de recuperarse ¿qué será? La conclusión no me importa. Estoy solo y atrapado en estas calles, mi falta de dinero y la falta de oportunidades, me tiene en este sitio desde donde es poca la ayuda que puedo recibir: ¿la iglesia?, ¿los grupos de autoayuda? ¿otra vez? una parte de esta enfermedad nació en esos lugares. Sería una aberración volver a ellos por no tener otro alternativa. Mejor así, sin nada a mi lado.
Llego a casa, todo es igual. Me mantengo neutral y empiezo a escribir la primera entrada del blog. Después, edito una de mis hisotiras, la público y empiezo a trabajar en su presentación para promocionarla a través de Facebook -¿como si alguien alguna vez las leyera?-, después oigo llegar a mi madre (esta vez no fui por ella al autobús). Me pregunta algo, apenas si le contesto, apenas si tengo fuerzas. Los oigo conversar como si nada, haciendome a un lado, igual como lo hacian mis compañeros cuando yo era un niño. Ese castigo prolongado, en mi propia sangre. Siento rabia, pero ¿qué más me queda? Podría estar peor. podría desear que estén muertes, que G. este muerto. Me asusta la irregularidad de mis pensamientos: de pronto siento odio, de pronto tristeza, de pronto ganas de comprenderlo; ¿qué mierda de trastorno es éste?
Todos se van a dormir. Mi cuerpo se siente agotado, mi mente más tranquila. La oscuridad y la falta de ruido me dan una especie de calma. He pensado en aprovechar el sueldo de mi trabajo eventual para buscarme un lugar donde vivir; donde empezar a desaparecer para esta gente que, muy en el fondo sé que está harta de vivir conmigo.
jueves, 6 de mayo de 2021
Otro día de aquellos... de los que no encuentro causas ni respuestas
Mi hermano vuelve a mirarme de reojo, cuando llega a casa apenas si me dirije la palabra. Lo adivino, es cómo las otras veces. G. (mi hermano) vuelve de la Ciudad de México después de pasar una semana entera allí buscando trabajo, y regresa con una mirada oscura que indemdiatamente me altera los nervios. Al principio intento no reaccionar, y en cambio me limito a fingir que no pasa nada, que es sólo otros espasmo de mi enfermedad, que es mi imaginación, como dice mi madre, y que posiblemente alguna preocupación o una mala pasada, ajena a mí, tiene a mi hermano en ese estado de antipatía. Por lo tanto, cuando él entra a su habitación todo silencioso, sin su típico "ese cerdito", yo paso de largo las catástrofes en mi pensamiento y sigo lidiando con pasar nuevamente el Prólogo de Far Cry 5, en la dificultad de Infame.
Todo transucrre sin mayor problema. Mi hermano sale de su habitación y pasea por la cocina, calienta la comida que mi madre dejo sobre la estufa y se dispone a comer sin ningún ruido. No intento iniciar la conversación, ni siquiera porque me muero de ganas por decirle que por fin había logrado terminar Far Cry 5 en la dificultad de Infame, y que, ahora, quería intentarlo nuevamente pero de "otro modo". Mientras pasa esto yo empiezo a imginarme si su malestar a caso es porque estoy jugando en su Play Station (algo que ya había pensado de escenarios anteriores), así que me dispongo a alcanzar el punto de control más cercano en el juego y apago la consola. Creo que después de eso puse una película, o una serie, no me acuerdo; sólo recuerdo oírlo comer con prisa, y sentir cómo mira de reojo, con una molestía que me hace sudar entre la nuca. Históricamente hay muchas cosas por las que mi hermano podría odiarme, como también, históricamente, hay muchas razones por las que yo mismo puedo odiarme. Intento no pensar en ninguna de ellas, y libero tensión, la cuál ya tenía acumulada porque aquel no había sido mi mejor día en el trabajo, buscando una película llena de Gore y con una trama sencilla.
De todo el catálogo de Prime, termino eligiendo "The Farm", una película que, a pesar de todo, me resulta bastante buena. Para ese momento mi hermano yace en su cuarto, oigo que ve una película, tal vez, en la laptop de mi madre ("bájale" -susurra una voz en mi cabeza; pero no lo pronuncio. Todavía soy capaz de mantener a raya la desproporción de mi locura). Termina la película y decido que es momento de volver al trabajo pero, algo en mí me dice que no me vaya a mi cuarto ("tu hermano, cuando vea que abandonas la sala, va a venir a plastarse al sillón, ¿es lo que hace siempre que no quiere ni verte, ¿no?" -la voz en mi cabeza sugiere un experimento). Voy por la laptop de mi cuarto y la instalo en el comedor y me dispongo a trabajar, saco mis manuales de capacitación, mis plumas de tres colores, lápiz, pongo a Silvio Rodríguez en el volumen dos de mi computadora y empiezo. A los pocos minutos mi hermano se aparece, ni siquiera lo noto llegar, sólo alcanzo a sentir el resplandor de la pantalla y luego escucho los disparos del Fornite. Si eso era lo que quería, pienso, seguro vuelve a su estabilidad conmigo. Le hubiera dado la televisión desde que llegó, pero no hacía mucho que yo me había sentado allí a descargar todo mi mal día (por que ser profesor, aunque sea de repuesto, implica mucho desgaste algunas veces).
Pienso, igual y hoy no es un día bueno para los dos. Y evito otro pensamiento de mi mente agresiva, en cambio intento actuar con una naturalidad sutil; dirijo un par de frases esporádicas y él todas las veces las contesta con una voz incómoda; como cuando, después de discutir con alguien, tienes que retomar la charla o, peor aún, cuándo después de pelear con alguien, tienes que volver para pedir un favor. Pero en nuestro caso, ni habíamos discutido recientemente, ni tampoco nos habíamos hablado desde que el se fue, no somos de frecuentarnos por mensaje. Después es hora de ir por mi madre a la parada del autobús; lo último que digo es el típico: "ahorita vengo", le pongo su cadena a Xina, y ambos caminamos en la oscuridad de la noche hasta la parada donde encontramos a mi madre luego de bajar del transporte de su trabajo. Hasta allí, los únicos malestares son fantásmicos, una lucha interna entre mis presentimientos y mi mente razonable, y hasta ese momento la segunda va dominando a la primera.
Llegamos a mi casa y todo lo que había logrado hasta ese momento, se derrama. Mi hermano es él mismo con mi madre, ni una muestra de frialdad, ni el silencio bochornoso, como cuando sólo estaba conmigo. Esto ha pasado de la misma forma tantas veces. Sin ningún presedente él vuelve y me trata como un extraño, algo que no sé interpretar si como desgana, miedo o rabia. Algo que lástima mis nervios y los convierte en una corriente que transforma mi sangre en ríos de lava. Tanto tiempo luchando por ser un buen hermano, por dejar atrás los destrozos de mi trastorno de ansiedad y el cuadro de depresión que acabó con una gran parte de mi futuro. Ellos conversan como si nada, yo, automáticamente, me vuelvo el compañero incómodo. No puedo, intento concentrarme en mi trabajo, en los mensajes que acababa de enviarle a una excompañera mía para consultarle algunas cosas sobre estrategias de negocios, pero no puedo.
Es tarde. Me voy a mi cuarto, la rabia se incrementa conforme los oigo charlar. En los días anteriores no había hecho nada irregular, en cambio, habían sido momentos plenos. Yo lo intuía, y no me equivocaba, es otro de esos momentos. Otra de esas veces que a mí me detestan sin presedente alguno. No puedo más, algo cae con fuerza en el piso de mi cuarto, la respiración empieza a entrecortarse, yo intento cerrar los ojos y dormirme: no puedo. Cae sobre mi la soledad, mi falta de un empleo formal, el autoengaño... Abro el reproductor de Youtube y pienso en masturbarme; tampoco podría. Cierro los ojos, de un momento a otro logro dormirme y los sueños son mi hermano volviéndome a decir "ese cerdito", a mí mismo burlándome de mi enfermedad, y es todo lo que recuerdo. Solamente me desplomo en ese mundo falso, donde no tengo 27 años, donde es más fácil salir a la calle y escapar, y en donde, de vez en cuando, las cosas se resuelven más fácil, incluso, esta enfermedad.
lunes, 1 de febrero de 2021
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